Es
necesario el paso de la contemplación de la humanidad del Salvador a
la atención a los hombres presentes en el corazón de Cristo. El
padre Voillaume, definiendo al Cristo total como objeto del acto
contemplativo, había dicho: «Ver a Dios en los hermanos»; el
filósofo campesino del Garona corrige levemente: «No precisamente
en ellos, sino más bien, a través de ellos, detrás de ellos
nosotros vemos a Jesús y su amor por ellos (...) Contemplar a Dios a
solas, a Dios sólo en la humanidad de Jesús; contemplar a Jesús a
través del prójimo que él ama y que nosotros amamos, he aquí los
dos caminos de la contemplación más altamente deseables para el
hombre empeñado en las labores del mundo».
Ver a Jesús en los hermanos significa encontrar «en la pobre naturaleza humana a Jesús». Camino difícil en una «oración árida y casi demasiado pura para nuestro débil corazón porque, mucho más inconsciente que consciente se produce en la fatiga de nuestros miembros y de nuestras facultades conscientes, más que en el reposo en el que ellas puedan gustar "qué bueno es el Señor". Para hallar este reposo, nos es necesario volver a la oración en donde estamos solos con Jesús». Jacques y Raisa Maritain

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