¡Oh, María, Madre mía! Bajo vuestra mirada escribo estos pocos recuerdos,
a fin de que en la hora de las tinieblas, de la prueba y de la tentación,
me acuerde de que estas cosas me fueron dichas por el Ángel
que vos me habíais dado
para guiar mis primeros pasos en la vida religiosa;
es él, lo sé,
quien
desde lo alto del cielo me acompaña aún
y guía mis últimos pasos.
Sta. Teresa de Lisieux
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