La
caridad fraterna ayuda extraordinariamente a orar de verdad, con
total sinceridad. La persona egoísta, encerrada dentro de sí misma,
incapaz de dialogar, de aceptar una crítica, de darse, incapaz de
amistad, siempre tiene muchas dificultades para abrirse a Cristo en
una oración auténtica. El que confía en los demás acoge y acepta
ser acogido en una relación de amistad, y de este modo tiene
capacidad para establecer una relación vital con el Señor. Es que
la oración es ante todo una relación personal con Dios. Por eso
nuestra capacidad de orar está en proporción con nuestra capacidad
de darnos al Señor. Pedro Finkler

No hay comentarios:
Publicar un comentario