miércoles, 27 de noviembre de 2013

DIÁLOGO ININTERRUMPIDO

Dios mío, tú, que me has


enriquecido tanto, permíteme

también dar a manos llenas. Mi vida 

se ha convertido en un diálogo 

ininterrumpido contigo, Dios mío, en

un largo diálogo. Cuando me 

encuentro en un rincón del campo, 

con los pies plantados en tu tierra y 

los ojos elevados hacia tu cielo, tengo a menudo 

el rostro  inundado de lágrimas,

único estuario de mi emoción interior y de mi gratitud.

 También,

por la noche, cuando, acostada en mi litera, me recojo en ti,


Dios mío, lágrimas de gratitud inundan a veces mi 

rostro, 

y esa es mi oración.


Estoy muy cansada desde hace algunos días, pero es una


cosa que pasará como todo lo demás. Todo progresa 

siguiendo un ritmo profundo, un ritmo propio en cada uno

de nosotros. Debería enseñarse a la gente a escuchar y a

respetar ese ritmo: es lo más importante que un ser

humano puede aprender en esta vida. No lucho contigo,

Dios mío. 

Mi vida no es más que un largo diálogo 


contigo. 

Es posible que no llegue a ser nunca la gran

artista que quisiera ser, pues estoy demasiado bien 

resguardada en ti,

Dios mío. En ocasiones, quisiera grabar con un buril 

pequeños aforismos y pequeñas historias vibrantes de

emoción. Mas la primera palabra que me viene a la mente,

siempre la misma, es: Dios. Contiene todo y hace inútil

 todo lo demás. Toda mi energía creadora se convierte en 

diálogos interiores contigo. El oleaje de mi corazón se ha 

vuelto más ancho desde que estoy aquí, más animado y 

más apacible a la vez, y tengo la impresión de que mi

riqueza interior se incrementa sin cesar . E. Hillesum, Diario: 1941-1943, 

No hay comentarios:

Publicar un comentario